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3 razones por las que realmente fracasó mi blog
Así se veía el blog en 2015 :s Definitivamente no tocaremos el tema del diseño en este post.

Así se veía el blog en 2015 :s Definitivamente no tocaremos el tema del diseño en este post.

Ahhh! Las mariposas que se sienten antes de publicar tu primer blogpost. Más que mariposas, es mucha ansiedad, incertidumbre y emoción. Todo junto. Eso sentía cada vez que publicaba algo nuevo en mi blog de “estilo personal”/wannabe fashion blog.


Pero después de dos años, entendí que no estaba funcionando ni para mí, ni para las pocas personas que me leían. En este post te cuento porqué mi blog fracasó después de dos años de estar intentándolo.


Antes te tengo que poner en contexto. Te preguntarás, ¿por qué un fashion blog? Y te diré, lo que siempre me dije a mí misma: “bueno, siempre me ha gustado la moda y quería compartirlo con alguien más”.

Al escuchar eso, ya tu mente tiene que tener alarmas que te digan, “empezamos mal”. No por el hecho de que me gustara la moda sino porque no tenía un POR QUÉ definido. Siendo sincera, no había un propósito más allá de hacer que mi novio me tomara fotos bonitas y publicarlas para recibir likes.

Mi visión era convertir el blog en uno grande y reconocido internacionalmente, como las chicas que seguía en ese momento tipo Chiara Ferragni, Aimee Song, Leandra Medine, etc.

Claramente eso no pasó. Al inicio me decía a mí misma que no era el momento indicado para tener un blog, luego pensaba que no tenía el contenido necesario o que la audiencia no estaba lista para este tipo de contenido.

Ahora que ya crecí, tengo más razones que hacen más sentido que esas “excusas” que te puse en el párrafo anterior.

1. Tenía miedo de mostrarme vulnerable

Aunque desde el inicio sí di mi cara. Recordemos que una de mis necesidades iniciales era ser vista en este blog -ejemm ego a la vista-. Realmente todo giraba en torno a la ropa y a verse bien.

Obvio mi estilo jamás se iba a parecer a las bloggers de moda de ese momento (ni de ahora) pero procuraba en la medida de lo posible de salir lo más perfecta posible.

En el texto que acompañaba los artículos no lograba transmitir mi personalidad, escribía como si estuviera escribiendo para una revista. Se veía ABURRIDO por todo lado.

Nunca dediqué un segundo a preguntarme si realmente lo que estaba publicando reflejaba mi esencia y creo que eso se mostraba y era una de las mayores razones por las cuales las personas no conectaban conmigo.

2. No tenía claro a quién le hablaba

Realmente escribía porque no podía solo poner fotos. Entonces cuando escribía un poco de texto, lo hacía pensando en caerle bien a todos: hombres y mujeres por igual. Le hablaba a quien quisiera leer básicamente.

¡ERROR!

Al no tener claro quién era mi audiencia, me quedaba muy corta con los textos. Era tímida al decir lo que realmente me gustaba por miedo a caer mal o a parecer demasiado cursi o demasiado tonta.

Como no tenía claro quién me leía - o quién quería que leyera mi blog - empezaba a emular lo que otras bloggers hacían y claramente no me funcionaba a mí, porque no era mi voz.

Hablaba en plural como si tuviera una comunidad gigante de personas que visitaban mi sitio todos los días. Hacía recomendaciones que no me pedían. Creaba contenido que solo yo quería ver.

Y además… escribía en inglés antes que escribir en español. Como si la audiencia anglosajona fuera a leer primero mi contenido en vez de todo el montón que ya tenía a su alcance.

Ahora me doy cuenta que tener un lector o cliente ideal definido me ayuda montones a la hora de crear contenido real para mi audiencia real. También sé que el mercado Latinoamericano está hambriento de tener contenido de calidad y que si escribo en español, tendré más posibilidades de destacar. *Pensemos pez grande en estanque pequeño*

3. Nunca traté de crear conversaciones

A medida que avanzo en éste análisis estoy arrugando mi ego cada vez más. (auch!) Como te podrás dar cuenta, ese blog era una oda a mi ego. Nada más quería poner fotos bonitas para que les dieran like y listo.

¿Te suena familiar? ¿Alguna vez has tenido una plataforma donde publicas contenido solo para que otros te vean? ejemm Instagram por ejemplo.

Resulta que hace 4 años ya tenía como unos 600 followers en Instagram (más que nada familia, amigos y conocidos) y decidí usar ese perfil para compartir mi contenido y traer tráfico al blog.

¿Creés que esas descripciones llamaran a tener una conversación?

¿Creés que alguien a parte de dar el like se iría a ver mi contenido en el blog?

Por supuesto que no. La foto estaba muy bonita porque la habían tomado fotógrafas, pero no había “carnita” en el contenido. No estaba agregando valor a la vida de nadie más que a la mía.

Y, siendo sinceros, éste es un pecado capital para los generadores de contenido. Si no creás valor, mejor no publiqués.

Instagram (así como otras redes sociales) fueron creadas por y para las personas. Tienen la singularidad que democratizan el contenido para que tanto los creadores como los usuarios puedan interactuar fácilmente.

Hoy en día, es más fácil para una marca crear conversaciones con sus clientes. Antes tenían que esperar a que llegaran a la tienda. Rezar por que llegaran a la tienda para ahí empezar una relación.

Ahora, la relación con tu cliente empieza desde que aparecés en su feed de Instagram.

Mi blog murió no sólo por estas razones. No fui constante, fui perdiendo interés y dejé de sentirme feliz al publicar porque me daba cuenta que lo único que buscaba era inflarme el ego.

Fui madurando y con eso, superé el espacio. Pero esta experiencia definitivamente me dio muchas herramientas que hoy aplico intencionalmente. En Power House, le hablo a mis clientes ideales (que si llegaste hasta aquí, es probable que seás unx de ellxs).

¿Estás cometiendo alguno de estos errores? Ya está disponible el curso digital Historias que Conectan en Instagram donde te enseño justamente cómo conectar con tus seguidores de manera auténtica para convertirlos en clientes. Podés ver más información dándole click al banner de abajo :)

 
El miedo a dar la cara y porqué es importante espantar a los clientes
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“Cada vez que voy a publicar algo tengo que hacerlo 5 veces para que nada salga mal..” ¿Te suena familiar?

Cómo nos aterroriza ver nuestra cara en una publicación de Instagram o de Facebook. Cuánto tiempo tardamos escogiendo una foto para que salga “perfecta” y los otros no tengan nada qué decir. Esto no solo te pasa a vos, nos pasa a todos.

Cuando emprendemos nos pasan miles de cosas por nuestra mente. La verdad es que pasamos por un sinfín de emociones. Desde la felicidad y la pasión por lo que hacemos, el miedo de lanzarlo y luego la ansiedad de haberlo lanzado y no obtener la respuesta que queríamos. Y esta es la historia de TODOS los días.

Si sos de los que tiene miedo a dar la cara en tu negocio por miedo al qué dirán, esto es para vos.

Si creés que no es necesario dar la cara en tu marca porque, seamos sinceros, ¿lo que importa es el producto o el servicio, cierto? Déjame decirte que estás en un ERROR gigante.

Aunque no lo creás, el hecho de que VOS hayás creado tu marca, ya es algo que te diferencia de los demás. Lo que sea que hagás siempre será diferente por el simple hecho de que sos vos quien lo hace. Y eso, vale la pena contarlo.

Mi historia como ejemplo

Recuerdo como si fuera ayer, cuando abrí el perfil de Instagram para Power House. Estaba en completa negación pero sabía que tenía que hacerlo en algún momento. Me daba pereza todo el “mantenimiento” que tenía que darle y además, empezar con 0 seguidores me daba escalofríos. Como si mi validez y credibilidad fuera medida en número de seguidores 🙄 ¿te suena?

Según yo, mi negocio iba a despegar aún si no había nadie detrás. Y es que una marca funciona igual que una tienda. No puede dar muchas ventas si no hay nadie atendiendo. Si no hay alguien dándole la bienvenida a los clientes y cobrándoles por lo que van a comprar, la tienda no funciona.

Lo mismo iba a pasar con mi marca si seguía escondiéndome tras bambalinas.

Yo creaba (y sigo creando) todo mi contenido y podía tener toda la libertad creativa para hacer lo que me diera la gana (igual que vos) y aún así me escondía del público, al propio. Lo hacía por miedo a que me vieran, a que me juzgaran, a que dijeran cosas como “¿y ésta qué se cree?, ¿por qué piensa que puede decir estas cosas?, ¿acaso sabe más que yo?”

Por varios meses, traté de manejar la marca como si fuera un ente independiente, sin embargo estaba pegando con pared. Por más limpia -y bien diseñada- que fuera la comunicación, no estaba conectando con nadie. Tenía unos 100 seguidores pero nadie estaba poniendo atención a lo que decía. Simplemente no les importaba tanto.

Parecía que me seguían por compromiso. Otra vez… ¿te suena familiar?

Ahhhhh pero cuando di la cara... TODO CAMBIÓ o bueno, todo fue cambiando. Un post a la vez. Por que no puedo decir que fue de la noche a la mañana.

Recuerdo que el día en que hice mi primera historia, la tuve que grabar varias veces antes de publicarla. Me daba miedo equivocarme y decir algo que no quería decir. No sabía si ponerle filtros o si dejarla tal cual la había grabado.

Ya ni sé qué fue lo que publiqué pero lo que sí recuerdo fueron las reacciones de las personas que me seguían. No fueron muchas porque apenas estaba comenzando pero fueron suficientes para ponerle gasolina a mi motorcito de motivación.

Empecé a recibir comentarios diciéndome que siguiera adelante con mi “proyecto”, que lo estaba haciendo bien, que les gustaba el contenido y empezaron a recomendarme a otras personas y los seguidores empezaron a llegar.

Ni una sola persona dijo nada de lo que la voz en mi cabeza creyó que iban a decir. Resultó ser que esa vocecita estaba equivocada. Ni un alma me ha llegado a decir algo malo hasta el día de hoy.


Creo fielmente que las personas que no les gusta mi trabajo, se van solitas y en silencio. Mi contenido está hecho con amor y mucho esfuerzo; tiene mi voz. Si me seguís desde hace rato, sabes que le pongo alma, vida y corazón y esto necesariamente FILTRA clientes.


Por qué es importante espantar clientes

Cuando creamos contenido genuino y sincero, hay muchas personas que conectan inmediatamente. Les encanta ese tipo de contenido, pero hay otras que simple y sencillamente no pueden tolerar tu mensaje.

Y está bien.

Vale la pena espantarlos. Si no les gusta, que se vayan. No me tomes a mal, no se trata de estar a la defensiva. Se trata de ser honesta(o) con tú propósito y con vos misma(o). Si a estas personas no les gusta como sos y lo que representas dentro de tu marca, no son parte de tus clientes ideales.

No podemos caerle bien a todos y eso, más allá de ser una desventaja, es un filtro que nos permite atraer a las personas que sí están dispuestas a escucharnos, a consumir nuestro contenido y a comprar nuestros servicios o productos.

Así que si sos de las personas que todavía tiene miedo a dar la cara por tener esa vocecita en la cabeza que te dice cosas feas. Es hora de ponerle un alto en el camino y dar el salto.

Tu mensaje y tu trabajo es mucho más valioso y merece ser escuchado por las personas correctas. ¿Qué esperás para empezar a transmitirlo?

Si te convencí, podés darle un vistazo al curso nuevo Historias que Conectan en Instagram. Aquí te enseño cómo conectar a partir de tu historia personal de una manera genuina y llena de honestidad.

¡Nos vemos allá!

<3 Ana Lu